XXVI.
decir en primer lugar la música
que de tus poros nace
como las aguas termales
o como la lluvia que crece del cielo
nombrar después
para cumplir con los auspiciantes
a cada marca registrada de mi carbonilla en tu lienzo
hacer una mínima mención
a la muerte y sus cuestiones
esbozar apenas la exacta asimetría del amor
la felicidad es la sensación esquiva
de estar hilvanándote el cuerpo con el lenguaje
ese breve mundo
entre mi boca y tu cuello
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