Un breve texto de Marco Denevi, excelente escritor argentino injustamente ignorado por cierta doxa literaria. Quién sabe, suele ocurrir que aquellos escribas avezados en lo fabtástico y lo maravilloso y sobre todo en el relato breve, quedan fuera de todo cánon por simple antojo de críticos y especialistas. El caso del cordobés Anderson Imbert es otro. Esto no significa que integrar una arbitraria lista de escritores deba validar toda una obra, no debería ser necesario. Sin embargo en estos tiempos en que la literatura se asemeja cada vez más a una góndola de supermercado el simple hecho de figurar en una columna enumerada es suficiente mérito para lograr "notoriedad" en el ámbito literario. Antes no se hablaba tanto del cánon y de lo que debía leerse para ser un verdadero lector, hasta que llegó Harold Bloom y nos moldeó el gusto a su antojo. ¿No?
Un breve texto de Marco Denevi, excelente escritor argentino injustamente ignorado por cierta doxa literaria. Quién sabe, suele ocurrir que aquellos escribas avezados en lo fabtástico y lo maravilloso y sobre todo en el relato breve, quedan fuera de todo cánon por simple antojo de críticos y especialistas. El caso del cordobés Anderson Imbert es otro. Esto no significa que integrar una arbitraria lista de escritores deba validar toda una obra, no debería ser necesario. Sin embargo en estos tiempos en que la literatura se asemeja cada vez más a una góndola de supermercado el simple hecho de figurar en una columna enumerada es suficiente mérito para lograr "notoriedad" en el ámbito literario. Antes no se hablaba tanto del cánon y de lo que debía leerse para ser un verdadero lector, hasta que llegó Harold Bloom y nos moldeó el gusto a su antojo. ¿No?
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